13.5.07

Hernán Gamboa y Cuerdas de América

Cuando tenía 8 años empecé a verme día a día con un instrumento de cuatro cuerdas al que por alguna misteriosa razón se le llama simplemente "cuatro". Era la época en que Serenata Guayanesa se convertía en uno de mis principales referentes de la música venezolana, y en esa agrupación había un barítono que tocaba excepcionalmente el cuatro; esa maquinita que yo intentaba rasguear armónicamente. Se trataba de Hernán Gamboa.




Hernán Gamboa se fue en 1985 de Serenata Guayanesa y Miguel Ángel Bosch lo ha reemplazado magistralmente, no sólo en el cuatro sino también como vocalista. Crecí admirando las capacidades de Hernán como cuatrista, hasta que las mías comenzaron a acercarseles, y uno va descubriendo poco a poco que sí puede hacer esas cosas que sonaban imposibles.

Claro, luego conocí la creación maravillosa de Cheo Hurtado, Rafael "Pollo" Brito, Jorge Glem y demás cuatristas que parecen salidos de la dimensión desconocida... pero eso es otro cuento: durante mucho tiempo el modelo a imitar fue el ex serenatero.

Después de más de 15 años sin saber de él, aparece con un guitarrista llamado Lucho González, peruano, y con un prodigio de la Argentina mestiza: el charanguero Jaime Torres. Los tres han montado una agrupación llamada Cuerdas de América, y este sábado se presentaron en el Centro de la Diversidad Cultural, en Caracas.

Sin que esto modifique en un ápice el respeto que siento hacia Gamboa como precursor del rasgapunteo y ex vocalista de Serenata Guayanesa, francamente, tras el concierto salí decepcionado. No esperaba ver a Hernán tan ajeno a su tierra; sobre todo tras una ausencia tan larga. El trío se basa en la sonoridad maravillosa del charango, con sus agudísimos registros, y el contraste de los bordones de la guitarra. Pero ¿y el cuatro? ni siquiera en los temas venezolanos (Caballo viejo, Adios a Ocumare, Zumba que zumba) se destacó Gamboa. Se trató de un par de acompañantes del charango, que sí hizo de las suyas.


Jaime Torres, con su figura casi caricaturesca, con su bamboleo particular y su inspiración, supo sacar al charango los mejores sonidos del altiplano, y desde los 3 mil y tantos metros de altura dejó muy abajo al venezolano y al peruano, que tampoco hizo gran cosa con la guitarra.

En resumen, un concierto con poco qué rescatar, y que me deja el agridulce sabor de haber conocido a quien considero un maestro, conforme con el añejo sonido que desarrolló hace años, y en el que se quedó estancado. Ojalá que pueda desde su sabiduría, hacer mayores aportes a la música del altiplano con la inclusión del sabor venezolanísimo del cuatro.

2 comentarios:

Neuquén dijo...

totalmente de acuerdo...tambien vi el espectaculo y tuve la misma sensacion.....una consulta....cheo hurtado tenia un proyecto de un dvd donde enseñaba a tocar el cuatro. sabes algo? o hay un proyecto similar de otro cuatrista que tenga algo audiovisual....soy de neuquen - argentina..de la fria patagonia y tengo un cuatro ..aprendi algunos rasgueos pero me interesa explorar mas ya que es un instrumento muy rico armonicamente....saludos pablo pablonqn8@gmail.com

Anónimo dijo...

Que pena Eduardo, entiendo muy bien lo que sentiste sin embargo me hubiese encantado poder estar allí y escuchar de cerca a estos grandes cultures latinoamericanos; Lucho González fue durante mucho tiempo el guitarrista de Chabuca Granda y como acompañante es realmente maravilloso, lejos claro está, del talento incomparable del maestro Oscar Avilés, pero maravilloso también. No puedo hacer comentarios sobre la carrera brillantísima del Señor de señores Jaime Torres, referente del Charango en el mundo entero y por supuesto la presencia de nuestro Hernán Gamboa a quien siempre admiré como Cuatrista. Lamento también no haber tenido noticias sobre esta agrupación tipo "Dream Team" o superhéroes de la música latinoamericana....Un abrazo Eduardo y todo el cariño para tu hermosa familia.

Eladio Mujica El tejedor de cantos.